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| IMAGEN ILUSTRATIVA. |
En el caso de los huracanes y tormentas, los modelos meteorológicos basados en IA analizan millones de datos provenientes de satélites, sensores oceánicos y estaciones climáticas. Gracias a ello, hoy es posible predecir la formación y trayectoria de un huracán con varios días de anticipación, mejorando la precisión de las alertas tempranas. Organismos como la NASA y el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos ya aplican estos sistemas con excelentes resultados.
La IA también es clave para detectar riesgos de inundaciones, incendios forestales y sequías. Plataformas como Flood Hub de Google utilizan inteligencia artificial para pronosticar crecidas de ríos con hasta una semana de anticipación, abarcando más de 80 países, entre ellos Argentina.
En cuanto a los terremotos, la situación es distinta. Aunque la IA puede analizar señales sísmicas y patrones en el movimiento de las placas tectónicas, aún no es posible predecir con exactitud cuándo ni dónde ocurrirá un sismo. Sin embargo, en países como Japón y México, sistemas inteligentes ya permiten detectar los primeros segundos de un movimiento sísmico y activar alarmas automáticas que brindan tiempo para evacuar o detener trenes.
La conclusión de los especialistas es clara: la inteligencia artificial no puede evitar las catástrofes naturales, pero sí ayuda a anticiparlas y mitigar sus consecuencias con una eficacia que hace solo una década parecía imposible.

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